Historias de gatos

Woman Caressing a Cat While Reading Book Lighted by a Table Lamp in Dark

Luna: La protectora de los libros

Luna era una gata gris con ojos amarillos que vivía en una pequeña librería de barrio. Desde que era un cachorrito, había sido adoptada por Sofía, la dueña de la librería, y desde entonces, Luna había hecho de ese lugar su hogar. A pesar de la tranquilidad de la tienda, Luna tenía una misión muy clara: proteger los libros.

Sofía solía bromear con los clientes, diciendo que Luna era la «guardiana de las palabras». No importaba quién entrara a la tienda, Luna se encargaba de observar a todos con detenimiento. Se paseaba por los pasillos con elegancia, rozando con su cola los estantes llenos de libros, como si estuviera inspeccionando que todo estuviera en orden.

Lo curioso era que Luna tenía un lugar favorito: una esquina soleada cerca de la sección de libros de poesía. Cada tarde, después de sus rondas de inspección, se acomodaba allí y se dormía entre las estanterías. Para los clientes frecuentes, Luna se había convertido en parte del encanto de la librería. Muchos iban a la tienda no solo para comprar libros, sino para pasar un rato con Luna, quien siempre parecía tener el don de relajarlos con su mera presencia.

Un día, un niño entró corriendo a la librería, emocionado por su primera visita. Era un lector entusiasta, pero también un poco inquieto. Mientras corría por los pasillos, accidentalmente tiró una pila de libros. Antes de que Sofía pudiera intervenir, Luna apareció de inmediato. Se sentó frente al niño, lo miró fijamente y, con un suave maullido, pareció calmarlo. El niño, sorprendido por la mirada penetrante de la gata, dejó de correr y comenzó a acariciarla suavemente.

Desde ese día, Luna se convirtió en la compañera del pequeño lector. Cada vez que él volvía a la librería, buscaba a Luna primero, y juntos se sentaban en su rincón soleado a leer. Los demás clientes solían sonreír al ver la conexión especial que se había formado entre el niño y la gata guardiana.

Con el tiempo, la fama de Luna se extendió por el vecindario, y más personas acudían a la librería no solo por los libros, sino para pasar un rato con la gata. Era común ver a Luna sentada en el regazo de algún cliente, mientras este hojeaba un libro. Otros se acercaban solo para acariciarla antes de hacer sus compras.

Sofía sabía que la presencia de Luna hacía que su librería fuera más especial. La gata no solo cuidaba los libros, sino también a las personas que venían en busca de una buena lectura y un momento de calma. En cierto modo, Luna se había convertido en el alma del lugar.

Luna demostró que los gatos no solo son grandes compañeros, sino también protectores de los lugares que llaman hogar. En su pequeña librería, entre estanterías llenas de historias, ella reinaba tranquila, ofreciendo su compañía silenciosa y reconfortante a todos los que la necesitaban.

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