Oliver: El gato que conquistó a la vecina
Oliver era un gato naranja de gran porte y mucho carisma. Su dueña, Ana, lo había adoptado cuando él ya era adulto, por lo que tenía una personalidad muy definida. Era un gato extremadamente sociable, siempre buscando compañía y afecto. Aunque Ana lo amaba, pronto se dio cuenta de que Oliver tenía una misión diaria: conquistar a la vecina de al lado, la señora Elisa.
La señora Elisa era una mujer mayor que no parecía ser fanática de los gatos. Vivía sola y apenas salía de su casa, excepto para hacer las compras o regar su jardín. Pero Oliver, con su naturaleza extrovertida, decidió que ella necesitaba un amigo felino, así que cada mañana, saltaba la cerca del jardín y se sentaba en el patio de Elisa, observándola con sus grandes ojos verdes.
Al principio, la señora Elisa lo ignoraba. Intentaba asustarlo para que se fuera, pero Oliver era persistente. Día tras día, se acomodaba en el mismo lugar, y cuando la veía salir, la seguía con la mirada, con su cola levantada, como si la saludara. Pasaron semanas antes de que Elisa finalmente cediera.
Un día, mientras regaba las plantas, Elisa dejó escapar un suspiro y dijo: «Está bien, ven». Oliver, como si entendiera perfectamente, se acercó lentamente y se tumbó a sus pies. Ese fue el comienzo de una amistad inesperada.
Desde ese día, la señora Elisa comenzó a esperar a Oliver cada mañana. Aunque no lo admitía abiertamente, se había encariñado con él. Comenzó a dejarle pequeños platitos con comida, y Oliver, con su encanto natural, se ganó un lugar en su corazón. Pronto, Elisa no solo lo esperaba, sino que le hablaba, le acariciaba la cabeza y hasta le contaba sobre su día.
Oliver había logrado lo imposible: conquistar a una mujer que decía no querer mascotas. Su cariño por él creció tanto que un día le comentó a Ana lo mucho que disfrutaba la compañía de Oliver. Ana, sorprendida, le ofreció la posibilidad de quedarse con el gato de vez en cuando, sabiendo que su vecino peludo había encontrado una nueva amiga.



