Historias de gatos

La historia de Tig, Leo y Bed

En la granja de los Merrin, en las afueras de un pequeño pueblo, nació una camada de gatos que cambiaría la vida de todos los que habitaban ese lugar. Bed, la madre, era una gata astuta y llena de carácter. Cuando sintió que su tiempo de dar a luz se acercaba, decidió que el sitio más seguro para su camada sería en una rueda de tractor abandonada, que llevaba años descansando a un lado del granero. Los Merrin, una familia cariñosa y trabajadora, se encargaban de cuidar de los animales de la granja, pero los gatos siempre habían sido sus favoritos, y Bed lo sabía.

El día que nacieron los gatitos, los Merrin no tardaron en encontrarlos. A pesar de que aún eran muy pequeños, ya tenían nombres: Tig, por sus rayas oscuras que lo hacían parecer un pequeño tigre, Leo, su hermana, tan valiente como un león, y los otros dos hermanos que también formaban parte de la camada. Bed se mantenía alerta, pero confiaba en los Merrin, permitiéndoles acercarse y cuidar de sus hijos.

El pequeño Tig era el más curioso de todos. Desde el primer momento en que abrió los ojos, no dejaba de explorar. Aunque aún apenas podía caminar, siempre intentaba alejarse un poco más, buscando descubrir algo nuevo, pero siempre bajo la atenta mirada de su madre Bed, que lo traía de vuelta a la rueda con una suave mordida en el cuello. Leo, en cambio, era más cautelosa, siempre siguiendo de cerca a Tig, pero sin perder de vista a su madre.

Sin embargo, esa tranquilidad no duraría para siempre. Un día, el cielo comenzó a oscurecer de manera alarmante, y la tormenta que se desató sobre la granja fue como ninguna otra que los Merrin hubieran visto. El viento rugía y la lluvia golpeaba con furia la tierra. Los Merrin, sabiendo que la situación podía empeorar, corrieron a poner a salvo a los animales. Pero para cuando intentaron llegar a la rueda del tractor, el agua ya comenzaba a subir peligrosamente.

La tormenta causó una inundación que cubrió un radio de 5 kilómetros alrededor de la granja. El río cercano se desbordó, y el agua lo cubrió todo, incluyendo el lugar donde Bed había dado a luz. Cuando la familia Merrin logró regresar después de varios días de refugio, lo que encontraron fue devastador. La rueda del tractor estaba sumergida bajo el agua y los gatitos, junto con Bed, habían desaparecido.

Pasaron los meses, y los Merrin no se dieron por vencidos. Buscaron a los gatos por todas partes, llamaron por su nombre y revisaron los rincones más escondidos de la granja y los alrededores. Sin embargo, la esperanza de encontrar a Bed, Tig y Leo se fue desvaneciendo poco a poco. La inundación había cambiado todo, y lo que antes era un hogar tranquilo se había convertido en un paisaje desconocido.

Pero un día, cuando ya casi nadie lo esperaba, algo increíble sucedió. Tig, el pequeño explorador, regresó. Encontró su camino de vuelta a la rueda del tractor, el lugar que había sido su primer hogar. Estaba más grande, más fuerte, pero seguía siendo el mismo Tig de siempre, curioso y valiente. Aunque nadie supo jamás qué fue de su madre Bed o de su hermana Leo, Tig volvió a la granja de los Merrin, y allí se quedó, viviendo en la misma rueda donde había nacido.

Con el tiempo, los Merrin adaptaron la rueda para hacerlo más cómodo para Tig. Le traían comida y lo cuidaban, pero Tig, en su independencia, prefería dormir solo en su rueda, como si estuviera esperando a que algún día, su madre y su hermana volvieran. Y así, con el sonido del viento acariciando los campos y las estrellas iluminando el cielo nocturno, Tig continuó viviendo en la rueda, el lugar donde su historia había comenzado.

Los Merrin nunca supieron qué sucedió con Bed y Leo, pero encontraron consuelo en el regreso de Tig. Él se convirtió en un símbolo de resistencia y esperanza para la familia, un recordatorio de que, incluso en los momentos más oscuros, la vida encuentra formas inesperadas de volver a florecer.

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